LEYENDAS


LEYENDA "LA REYNA MACUSA"

Allencapac el rey de la región, desde su palacio, la chujlla mayor de la comarca, contemplaba el paraje cu­bierto de blanco con angustiada tristeza, viendo cómo la na­turaleza perecía inevitablemente bajo la fuerza destructora del invierno y sintiendo cómo no podía hacer nada ante aquella tremenda vorágine de frío, por la salvación de Ma­cusa, su regia consorte, que se debatía atacada del mal de frío, entre estornudos y toses que le destrozaban las fibras del pecho, hasta hacerle fluir borbotones de sangre.

En estas álgidas circunstancias llegó el cóndor a la cabaña, entró en ella y al encontrar al rey abatido y a la reyna postrada y casi agónica, ofreció sus servicios.
—Mi esposa Macusa se muere. Ayudadme señor de los aires. Id a buscar a los más sabios curanderos de la comarca—le dijo el rey.
—Oh, buen rey de los poderosos; vuestros vasa­llos han sucumbido y los pocos que quedan se debaten, presas del mal que aqueja a vuestra esposa.
—Acaso es entonces inevitable la muerte de Macusa? ¡Oh, destino cruel!—se quejó dolido Allencapac.
—Pero iré en busca de un curandero, no importa hasta el fin del mundo.
Siguió volando hasta los valles de los Yun­gas y allí encontró a dos curanderos: Huamanlipa y Cho­quecalla. Ambos fueron contratados por el cóndor y traí­dos sobre sus amplias espaldas a las cordilleras donde moraban Allencapac y su consorte.
Los dos curanderos acudieron con suma eficacia y la reyna se curó milagrosamente. Y cuando ya estuvo sa­na, rogó a los curanderos que también curaran a sus va­sallos. Pero aquellos se negaron. Por eso cuando quisie­ron retornar a sus lares de procedencia, el cóndor también se negó a conducirlos.
Los curanderos, tercos y volun­tariosos, desafiando a las tormentas y el frío, partieron. Más, antes de que trasmontaran la próxima cumbre pere­cieron. Huamanlipa fue el primero en caer, anonadado por la crudeza del frío, antes de subir la cuesta. Y Choquecalla, cayó precisamente al cruzar la cumbre. Cuando el rey y la reyna advirtieron lo ocurrido, salieron para soco­rrerlos; pero, oh, sorpresa: los cuerpos de los curanderos fallecidos habían desaparecido inexplicablemente. Y en los lugares donde se encontraban visibles huellas de la marcha truncada y de las caídas de muerte, brotaban a pesar de la nieve, dos extrañas plantas. Al pié de la cuesta había bro­tado una de hojas muy verdes y de flores amarillas y rojizas. Y en la cumbre había brotado una pequeña y espinosa.
Sin duda un misterioso sortilegio se cernía sobre el destino de aquellos hombres, y en favor de los enfer­mos de la comarca.
Así comprendió la reyna Macusa, y recogiendo a­quellas yerbas empezó a recorrer cabaña por cabaña. En cada cabaña que encontraba enfermos, el zumo de aque­llas yerbas obraba el milagro de restituirles la salud instantáneamente.
La acción de Macusa había sido tan esforzada y sacrificada y el poder curativo de las yerbas muy prodi­giosa.



LEYENDA "REY ALLINCCAPAC"



En  Macusani, a 4,450 metros sobre el nivel del mar, surgió una leyenda a cerca del Gran Rey Allincapac que hoy en día lleva el nombre un gran nevado que se ha convertido el Apu tutelar del distrito de Macusani y provincia de Carabya, queremos  hoy compartir con ustedes este hermoso leyenda.
En un oculto llano, en lo más alto de la tierra, gobernaba a un pueblo laborioso y soberbio, el joven y poderoso Rey Allincápac. Aseguran era un blanco. Por su sabiduría, tenacidad y con el apoyo de su bella esposa Macusa, había llevado a su pueblo a la grandeza y prosperidad. Un extenso y productivo territorio estaba a su merced; tenía a la exuberante selva rica en flora y fauna; la región alta que dominaba todo el reino y donde estaba además la residencia del rey, le brindaba los camélidos de la fibra más fina y una fértil tierra; ambas regiones eran depositarias de los metales más preciados: el oro entre ellos, en abundancia.
El esplendor afloraba en el reino; en el pasado quedaban las penurias de sus padres y su pueblo quienes habían sobrevivido a una hecatombe que desapareció su patria en el fondo del mar producido por los celos y la venganza de los dioses a quienes les estaba prohibido acercarse a las bellas mujeres de los hombres, para evitar la degeneración, el odio y la ambición desmesuradas que ello traería consigo.
Allincápac nació en la patria nueva, la que cobijó a sus padres; aquí habían nacido su esposa y sus hijos; ésta era su nueva nación y aquí vería por última vez la luz del sol.
Sin embargo, los celos y la venganza de los dioses no habían terminado con el cataclismo; Ánkor, el joven príncipe había sido muerto junto a su amada, fulminado por un rayo de fuego cuando disfrutaba de las fuentes termales de la eterna juventud. Lo sucedido conmocionó al pueblo. Acongojado, lleno de angustia, Allincápac se dirigió sollozante a Pachacámac, el dios supremo


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